


Esclarecer y con honestidad disipar lo que tenemos en la mente, como también el hecho de saber por qué sentimos o por qué nos comportamos de una manera o de otra, es ciertamente primordial para nuestra vida. Pero para lograr esto, necesitamos conocer “a ciencia cierta” si nuestros sentimientos son verdaderos o falsos, este es un procedimiento concientivo y ético, que son combinables entre la mente y el alma. Sin esa combinación mente-corazón difícilmente se podrían tener soluciones concretas y duraderas.
Por eso creemos con la mayor certeza posible que deshacer esos nudos emocionales que hacen huellas profundas en nuestros sentimientos, sería la única salida a la tranquilidad y el sosiego. Empero también debemos saber que esto tiene un proceso de claridad, y para ello se necesita una buena dosis de comprensión, lo mismo que un diálogo profundo para llegar a solucionarlo. Solo gracias a ese consumado esfuerzo, es como conseguiremos que la inteligencia emocional nos lleve de la mano a la permanente consistencia, y eso es indispensable en gran manera.
Pero si por alguna causa esas incomprensiones igualmente se dieran, siempre tratemos de diferenciar las emociones correctas de las equivocadas. Insistimos, por ningún motivo debemos retroceder ante la virtud de luchar por esforzarnos, esto debe tener mayor fuerza que cual- quier otra cosa negativa, que sutil o abiertamente quiera atraparnos. Aunque la burla, el sarcasmo y la ironía intenten entorpecer la sana comunicación que buscamos, so- bre todas las cosas “la voz del corazón” debe prevalecer en nuestra relación.